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Mostrando entradas de 2014

Una tarta de manzana llena de esperanza

¿Se puede odiar a un personaje de novela? Definitivamente, sí. Paloma Nosequemás, te odio. Odio tu pelo rubio sedoso, tu sonrisa blanca, tus piernas increíblemente perfectas. Y si pensáis que no es bueno odiar así, mejor no leáis Una tarta de manzana llena de esperanza, de Sarah Moore Fitzgerald. Porque Paloma aparece por primera vez en la oración colectiva por su amigo, su mejor amigo según dice el profesor que la presenta, que acaba de suicidarse. Pero Meg, que es quien lo cuenta, cree que ella debería ocupar ese sitio. La segunda vez que la vemos, Paloma vive en la casa de Meg, que se ha ido temporalmente a Nueva Zelanda y ha regresado a toda prisa cuando se ha enterado de la noticia. Una metáfora tan clara que es imposible no verla.

Oscar es un chico estupendo, capaz de hacer felices a quienes lo rodean cocinando para ellos unas tartas de manzana que albergan la magia de todo lo que se hace con amor y con el deseo de agradar. Pero un día decide acabar con todo, se sube a su bicic…

Mi madre cabe en un dedal

Las metáforas son como esas chapas que se llevaban tanto cuando yo era pequeña. Te cuelgas una y queda muy bien, pones otras dos y el conjunto es llamativo, único. La cuarta ya empieza a recargar y con la sexta hasta suena cuando vas andando. Y sigues y sigues, porque todas te gustan y no quieres renunciar a ninguna, así que llega un momento en que a ti no se te ve, solo hay chapas y encima pesan tanto que no puedes ni andar. Pero siempre había alguien en el instituto capaz de colgarse todas las chapas del mundo y aun así estar estupendo. Sería la forma de combinarlas, los huecos entre ellas o la sonrisa de quien la llevaba, vete a saber. Mi madre cabe en un dedal, de Victoria Pérez Escrivá es ese chico guapo al que las chapas le sientan bien, aunque lleve un millón.

La madre de Claudia es tan pequeña que cabe en un dedal. Pero además es una artista que crea cosas, personas y todo lo que le apetece crear. Crea un papá nuevo y cuando se da cuenta del problema que supone tener a los do…

La buena literatura arriesgada (y el orgullo de ser profe)

En casi todos mis talleres se cuela alguna mención a la literatura arriesgada, a esos textos que incomodan, molestan, hacen pensar, que no se conforman. En los cursos de iniciación suelo pedir a mis alumnos que no arriesguen demasiado, que trabajen lo que sabemos que funciona. «Bodegones», digo siempre. Porque antes de hacer el Guernica hay que pintar muchos bodegones. Y lo digo convencida, pero con miedo, porque no quiero que nadie deje de meterse en un jardín porque yo le haya dicho que se camina mejor por el sendero. Es solo que hay un tiempo para cada cosa y arriesgar sin saber por qué, sin un fin, suele llevar al desastre. Arriesgar solo para ser el más original, el más atrevido, no es, en mi opinión, un buen punto de partida. Cuando los bodegones ya nos salen bien es el momento de guerniquear. Aplaudo los riesgos, a los escritores que no se conforman con escribir lo que queremos leer, los que no van a lo seguro.

Unas veces es por la temática, por un determinado personaje, por …

No pidas sardina fuera de temporada

Leo lo que me cae en las manos, lo que me recomiendan, lo que me despierta la curiosidad… Y si eso implica leer un libro escrito hace veinte años, bienvenidas sean las recomendaciones. Lo malo de un libro de los noventa, ambientando en Barcelona y de género realista es que habla de pesetas, usa expresiones que yo usaba en mi adolescencia, pero que a los chicos de ahora les suenan a chino, y muestra a un chaval de catorce o quince años pidiendo una cerveza en un bar sin que nadie se lleve las manos a la cabeza. Y choca que los protagonistas cursen 8º de EGB en vez de segundo de la ESO. Cuando hablo de estos con mis alumnos les recomiendo que busquen las formas para decir que estudian en el instituto, sin especificar el curso, que son de los mayores o de los pequeños del colegio y otras fórmulas que no anclen tanto el texto a un momento determinado para evitar esa sensación de algo obsoleto, pasado de moda. Y pese a ese olorcillo a desván que provoca el paso de los años, merece la pena …

Mudanzas, de Javier Sagarna

Hace tiempo que intento entender la diferencia entre unos cuantos términos (todos en inglés, con lo bien que quedarían en español) que se utilizan para designar los libros que cabalgan entre la literatura juvenil y la general (que eso de “literatura para adultos” siempre me ha sonado a porno o a algo prohibido). Young Adult, New Adult, Crossover… En general, y para no meterme a analizar detalles o a etiquetar géneros, se trata de libros que atrapan por igual a público juvenil y público adulto. Para mí sí hay dos categorías, aunque no quiero darles nombre: los libros que se escriben pensando en un público juvenil, adolescentes de unos 14 años, a los que, por responsabilidad de autor, no se les ofrecen escenas de sexo ni situaciones en las que un adolescente como ellos actúa de manera más que cuestionable y no sufre consecuencias, y los que se escriben pensando en lectores más próximos a la edad adulta, que no tienen por qué ver en los personajes modelos a los que imitar. Esos libros, e…

No y yo, de Delphine de Vigan

Concha, una alumna con la que he coincidido varias veces en los últimos años, me preguntó la semana pasada si había leído No y yo. Ni siquiera había oído hablar de ese título ni de su autora, Delphine de Vigan (mea culpa). No me dijo de qué trataba ni qué opinaba sobre el libro, solo que le gustaría que lo leyese para hablar sobre él después. Y ahora que lo he leído, no sé exactamente qué voy a decirle. Que me ha impactado. Que me atrapó en la primera línea y no lo he soltado hasta llegar al final. Que me encantan las voces de narradores niños diferentes.

Lou es una chica de trece años, superdotada, que estudia con chicos dos años mayores que ella y vive con un padre estupendo y cargado de amor y paciencia y una madre que decidió desconectar del mundo el día que murió su bebé. Como si ser el cerebrito de la clase no fuese suficiente, Lou ha tenido que enfrentarse a la muerte de su hermana recién nacida y a una madre que está pero no está, que ocupa espacio, pero es mucho mayor el hue…

Flores de sombra, de Sofía Rhei

Después de reclamar mi derecho a abandonar la lectura si un libro no me satisface y, gracias a ello, de haber abandonado cuatro o cinco libros en un par de semanas, me he topado con Flores de sombra, de Sofía Rhei y he hecho las paces con mi yo lector. No había leído nada de esta autora antes (ya me flagelo yo, tranquilos) pero me ha gustado su forma de escribir, su prosa nada artificial, su respeto por el lector y por la historia. Y me ha enganchado en las cinco primeras páginas. Y todo eso sin inventar la rueda, contando lo que otros han contado antes, recurriendo a estructuras que ya estaban en la literatura antes de que ella o yo naciésemos. Pero contándolo muy bien.

Pon a un adolescente caprichoso y egoísta en un mundo aburrido, gris, incómodo y dale una puerta a un mundo diferente, fantástico, en el que otros seres se juegan la vida, con un malo malísimo y un bueno que vive para los demás y es capaz de sacrificarse por el bien ajeno. Puede ser un armario, una cueva, un laberint…

Esquemas repetidos en LIJ (Las tejedoras de destinos)

Una sociedad futura donde unos pocos tienen el control sobre todos los demás. La pobreza, el hambre y la tiranía gobiernan. Y esos pocos que tienen el control eligen a una adolescente para participar en algo de lo que huiría si pudiera y que le cambiará la vida para siempre. Pero no puede huir, la amenaza contra su hermana pequeña sirve como acicate para que se porte bien. La televisión retransmite el proceso y hay que poner a la chica muy guapa para mantener al pueblo desinformado. De su aspecto se encarga un equipo de esteticistas. La trasladan a la capital, donde viven solo los poderosos, y la rodean de un lujo que ni quiere ni disfruta… ¿Los juegos del hambre? No. Las tejedoras de destinos.

Vale, reconozco que he hecho un poco de trampa al contarlo, pero así es como empieza este libro del que, por otra parte, tengo muy buena impresión. Las diez primeras páginas están tan bien hechas que invitan a seguir hasta la última. Saber que la protagonista tiene un don, un don que muchos a…

Personajes homosexuales en LIJ

Me gusta encontrarme personajes homosexuales en los libros de literatura infantil y juvenil. Dicho así suena a estupidez, lo sé, a postureo, ahora que se lleva tanto esa palabra, pero intentaré explicarlo. No esperéis un artículo sobre la homosexualidad, los motivos para incluir o no personajes homosexuales en la LIJ, ni un análisis de todos los personajes. Eso ya lo ha hecho estupendamente David Lozano en su blog. Esto es solo una reflexión en voz alta. Y no soy de chillar mucho.

Me gusta la normalización, que el homosexual de una novela deje de ser el bicho raro para convertirse en uno más, con una vida, una historia, un conflicto al margen de su homosexualidad. Del mismo modo que aparecen blancos, negros, chinos o paquistaníes, sin que la diferencia de piel merezca una extensa reflexión, aplaudo la literatura que muestra a un adolescente homosexual sin dedicar un párrafo a explicar, o lo que es mucho peor, justificar, este hecho. La literatura no es exactamente igual que la vida, s…

Ojos azules en Kabul

Hablar de Ojos azules en Kabul , de Anabel Botella, es hablar de dos novelas. No de una con dos partes, no. Dos novelas diferentes que comparten protagonista, pero ni siquiera son una continuación de la otra, tal como entendemos las series, porque el tono, el tratamiento del tema, los secundarios… todos los elementos que componen los dos libros son diferentes. Es solo que las han encuadernado juntas.

Si hubiera leído la segunda sin conocer la primera diría que es buena, una novela de juvenil bastante digna, con los temas, tópicos y personajes que se repiten en las historias que más demandan los lectores en la actualidad. Pero no pasaría de ahí, que no es poco. El problema es que sí he leído la primera y me da rabia que la segunda no esté a la misma altura. La parte que cuenta la vida de Saira de pequeña, en Kabul, es magistral. ¿Qué ocurre si eres niña, rubia y con ojos azules, en Kabul? Que tu vida es un infierno. Esta novela duele, revuelve las tripas y te deja horas pensando cada …

Billie, de Anna Gavalda

Dudaba si traer este libro aquí, a un blog de literatura infantil y juvenil. Mil millones de veces, como poco, me han oído mis alumnos decir que un protagonista infantil no equivale a una historia infantil y que pasa lo mismo con los adolescentes. Pero es que la historia de Billie y Franck reivindica a los adolescentes que no escriben frases románticas en los puentes, que no regalan rosas, que no se besan con una puesta de sol a las espaldas. Y que, aún así, luchan por ser felices. La historia de Billie y Franck nos cuenta que la vida a los quince años puede ser un asco y que la mayoría de las veces no hay una escena romántica que lo arregle todo y aun así hay que seguir viviendo. Sí, definitivamente creo que muchos adolescentes apreciarán esta novela.

No me gusta que un libro lleve por título un nombre propio, porque no me dice nada. Pero después de leerlo sé que no había otro posible. Como Matilda, de Roald Dahl, porque su protagonista lo es todo. Cuenta sus acciones, sus decisiones…

Mi verano pirata

La primera vez que leíLa isla del tesorono tendría más de doce años. Era verano y las tardes se hacían eternas así que hurgué por la biblioteca de mi padre hasta que di con un título interesante. Era un libro pequeño, de papel fino y dibujos a una tinta. Me enganché a aquel libro y pasé el mes de agosto oteando el horizonte sobre el mar por si veía llegar un barco con la bandera negra izada. Lo leí varias veces en un mes, aprovechando cualquier luz, cualquier hueco en una agenda plagada de ellos, en siestas que odiaba fingir o noches de poco sueño. Aquel mismo mes de agosto pusieron en televisión un par de películas de Errol Flint y las vi sin pestañear. Decidí, en definitiva, que quería ser pirata. No me convencía el papel de damisela salvada de los corsarios ni el de buen chico que resuelve todala aventura. Queríavestir pantalones rotos, llevar espada, tener mi propio barco –que podía ser goleta, navío, velero, izar velamen o jarcias y mil palabras más que yo desconocía pero olían s…

Del XIX al XXI, con permiso de Verne

En las últimas semanas he leído dos novelas ambientadas en el siglo XIX y he descubierto que tienen muchos más puntos en común que la época en la que se desarrollan. En ambos casos son novelas muy bien recibidas por los lectores, lo que me lleva a pensar que tal vez sus autores han encontrado algunas claves para satisfacernos. Se trata de La carrera de Inglaterra, de Ana Campoy, y La isla de Bowen, de Cesar Mallorquí.
No esperéis una reseña de cada una de las novelas, este artículo es solo una reflexión en voz alta sobre esos puntos comunes.

Cuando en una novela aparece un personaje femenino que actúa movido por el convencimiento de que entre ella y los hombres no hay diferencia, se gana mi afecto. Del mismo modo que cuando al personaje se le llena la boca defendiendo la igualdad, pero luego pasa las tardes esperando que su príncipe azul venga a rescatarla, me empuja a abandonar la lectura. En el siglo XIX la desigualdad era la base de la convivencia, pero estos libros presentan a …

Primera publicación de Isaura Lee: "Todo empezó sin querer"

Hace aproximadamente dos años, cuatro escritores nos unimos para trabajar en equipo. Hemos realizado talleres, encuentros... y unos cuantos proyectos literarios. El primero de ellos acaba de salir a la calle y estamos encantadísimos de presentarlo en sociedad y, de paso, dar la bienvenida a Isaura Lee, nombre tras el que nos refugiamos Ana Campoy, Javier Fonseca, Raquel Míguez y yo.

Se trata de un cuento, un vídeo y una serie de talleres patrocinados por el Ayuntamiento de Fuenlabrada dentro de la campaña europea antirrumores, para prevenir las actitudes racistas y xenófobas. Ha sido un placer trabajar además con Mar Blanco, ilustradora, Ismael Pantaleón, en el montaje, y Francisco Poveda, la voz.

Con todos vosotros, Isaura Lee y Todo empezó sin querer.

Haciendo las paces con el siglo XXI

Cuando hablo a mis alumnos de la forma de narrar del siglo XX, suelo compararla con las novelas del XIX, con esos textos en los que el lector no ponía nada de su parte porque todo se lo daba hecho el narrador. Me paso el tiempo pidiéndoles que no expliquen, que apelen a la inteligencia del lector y que confíen en él, en su capacidad para entender, para ver, para completar. Supongo que me hago vieja y que el siglo XXI me ha pillado desprevenida, pero seguir hablando del siglo XX como lo más actual se ha quedado definitivamente obsoleto. Así que, pese a mi oposición a integrar la tecnología y la narrativa, he leído Pulsaciones, de Javier Ruescas y Francesc Miralles. Debo confesar que, además de movida por la curiosidad, me empujaba el convencimiento de que en un par de horas podría constatar que el código natural de la narrativa no es el mensaje instantáneo. Más o menos como cuando los abuelos dicen que como la música de su época, ninguna y que los melenudos de ahora no saben cantar.

L…