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Mostrando entradas de enero, 2014

Del XIX al XXI, con permiso de Verne

En las últimas semanas he leído dos novelas ambientadas en el siglo XIX y he descubierto que tienen muchos más puntos en común que la época en la que se desarrollan. En ambos casos son novelas muy bien recibidas por los lectores, lo que me lleva a pensar que tal vez sus autores han encontrado algunas claves para satisfacernos. Se trata de La carrera de Inglaterra, de Ana Campoy, y La isla de Bowen, de Cesar Mallorquí.
No esperéis una reseña de cada una de las novelas, este artículo es solo una reflexión en voz alta sobre esos puntos comunes.

Cuando en una novela aparece un personaje femenino que actúa movido por el convencimiento de que entre ella y los hombres no hay diferencia, se gana mi afecto. Del mismo modo que cuando al personaje se le llena la boca defendiendo la igualdad, pero luego pasa las tardes esperando que su príncipe azul venga a rescatarla, me empuja a abandonar la lectura. En el siglo XIX la desigualdad era la base de la convivencia, pero estos libros presentan a …

Primera publicación de Isaura Lee: "Todo empezó sin querer"

Hace aproximadamente dos años, cuatro escritores nos unimos para trabajar en equipo. Hemos realizado talleres, encuentros... y unos cuantos proyectos literarios. El primero de ellos acaba de salir a la calle y estamos encantadísimos de presentarlo en sociedad y, de paso, dar la bienvenida a Isaura Lee, nombre tras el que nos refugiamos Ana Campoy, Javier Fonseca, Raquel Míguez y yo.

Se trata de un cuento, un vídeo y una serie de talleres patrocinados por el Ayuntamiento de Fuenlabrada dentro de la campaña europea antirrumores, para prevenir las actitudes racistas y xenófobas. Ha sido un placer trabajar además con Mar Blanco, ilustradora, Ismael Pantaleón, en el montaje, y Francisco Poveda, la voz.

Con todos vosotros, Isaura Lee y Todo empezó sin querer.

Haciendo las paces con el siglo XXI

Cuando hablo a mis alumnos de la forma de narrar del siglo XX, suelo compararla con las novelas del XIX, con esos textos en los que el lector no ponía nada de su parte porque todo se lo daba hecho el narrador. Me paso el tiempo pidiéndoles que no expliquen, que apelen a la inteligencia del lector y que confíen en él, en su capacidad para entender, para ver, para completar. Supongo que me hago vieja y que el siglo XXI me ha pillado desprevenida, pero seguir hablando del siglo XX como lo más actual se ha quedado definitivamente obsoleto. Así que, pese a mi oposición a integrar la tecnología y la narrativa, he leído Pulsaciones, de Javier Ruescas y Francesc Miralles. Debo confesar que, además de movida por la curiosidad, me empujaba el convencimiento de que en un par de horas podría constatar que el código natural de la narrativa no es el mensaje instantáneo. Más o menos como cuando los abuelos dicen que como la música de su época, ninguna y que los melenudos de ahora no saben cantar.

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