miércoles, 30 de abril de 2014

Flores de sombra, de Sofía Rhei


Después de reclamar mi derecho a abandonar la lectura si un libro no me satisface y, gracias a ello, de haber abandonado cuatro o cinco libros en un par de semanas, me he topado con Flores de sombra, de Sofía Rhei y he hecho las paces con mi yo lector. No había leído nada de esta autora antes (ya me flagelo yo, tranquilos) pero me ha gustado su forma de escribir, su prosa nada artificial, su respeto por el lector y por la historia. Y me ha enganchado en las cinco primeras páginas. Y todo eso sin inventar la rueda, contando lo que otros han contado antes, recurriendo a estructuras que ya estaban en la literatura antes de que ella o yo naciésemos. Pero contándolo muy bien.

Pon a un adolescente caprichoso y egoísta en un mundo aburrido, gris, incómodo y dale una puerta a un mundo diferente, fantástico, en el que otros seres se juegan la vida, con un malo malísimo y un bueno que vive para los demás y es capaz de sacrificarse por el bien ajeno. Puede ser un armario, una cueva, un laberinto o un jardín alucinante. El resultado siempre será el mismo: el adolescente aprecia lo que tiene, deja de ser tan caprichoso, a veces incluso se enamora… Y, sobre todo, vive una aventura que lo cambia para siempre.

En Flores de sombra ese mundo mágico es tan atractivo que cualquier lector desearía encontrar la puerta por la que se accede. No recurre al imaginario de personajes fantásticos que todos conocemos, sino que crea los suyos y los presenta sin miedo, sin explicaciones innecesarias. Como deben presentarse, vaya. Y es valiente, porque no pretende que su aspecto los defina, no hay buenos guapos y malos feos, que es algo en lo que muchos escritores caen de manera inconsciente. De hecho, los buenos también son a veces egoístas o engañan para protegerse y los malos llegan a dudar o a cambiar de bando.

Tenía la sensación de que esta novela daba para mucho más y entonces he visto que hay una segunda parte. Cuando digo que daba para más quiero decir que hay hilos sin cerrar, elementos que me han llamado la atención y de los que después no he vuelto a saber nada. Son detallitos, pero tengo la mala costumbre de fijarme mucho en ellos. La protagonista y su madre viven en un caserón antiguo, destartalado, como las mansiones de las historias de miedo y encima la chica lo pinta de negro. Pero ya, no va a más. Un personaje dice a otro que siempre cocina los ingredientes de dos en dos y yo espero que eso quiera decir algo, que sea un rasgo de la cocinera que nos lleve a otro lugar. Pero no, en esta novela al menos, no.

En fin, que os recomiendo la lectura. Que apuesto mi hacienda a que no vais a abandonar.