Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de julio, 2015

La canción secreta del mundo, de José Antonio Cotrina (o cómo dejarse esclavizar)

Tengo la mala costumbre de leer con la profesora que llevo dentro sentada sobre las rodillas. La muy petarda busca fallos y aciertos, subraya en rosa o en morado, da saltitos cuando se topa con algo que poder llevar a clase. La canción secreta del mundo, de José Antonio Cotrina, sin duda, está lleno de “algos” que poder llevar a clase. Pero igual debería haber empezado por el principio.

Hace casi un año se fallaba el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Por una de esas casualidades tan poco verosímiles como ciertas, César Mallorquí, que estaba en el jurado, tenía que venir a una conferencia a la Escuela el mismo día, así que llegó directo desde la deliberación del jurado. Nos habló de un libro que no había ganado, pero que en su opinión debería haberlo hecho: La canción secreta del mundo. Y yo tomé nota, porque no se puede dejar pasar una recomendación así.

Un par de mese después compré el libro y lo abrí en el autobús, camino de casa. Leí las primeras páginas, puede q…

Pánico (de Lauren Oliver), o el peligroso aplauso al gilipollas

Hacía mucho que un libro no me cabreaba tanto como Pánico, de Lauren Oliver. Resumo mucho, para poneros en situación: llegan las vacaciones y los chicos del último curso del instituto (17 o 18 años) de un pueblo neoyorquino se embarcan en un juego en el que tienen que superar una serie de pruebas peligrosas. Al final del juego (y del verano) el ganador se embolsa una cantidad brutal de dinero que durante todo el año han ido pagando religiosamente todos los alumnos del instituto a razón de un dolar diario. Esto sucede cada verano. Raro es el año en el que no muere alguien, pero un pacto de silencio que involucra a todos los chicos del pueblo hace que ni la policía ni los adultos le pongan freno a este juego.

No voy a decir nada de la verosimilitud, pese a que la policía resulta bastante tonta, todos los adultos muy relajados y los chicos, que no tienen ni para comer en algunos casos, unos potentados (que un dólar al día es una pasta a lo largo del año). Hoy no va de eso el artículo.