Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2016

Plan de escritura en cinco días

Hoy cerramos el taller de Escritura Creativa para adolescentes en Escuela de Escritores. Ha sido divertido, pero, sobre todo, ha sido sorprendente. Ay, lo que hubiera dado yo por encontrar algo así cuando tenía doce o trece años. Los chicos del taller no necesitan empujones para lanzarse a escribir, pero aun así, voy a proponerles un plan de cinco días para romper cualquier bloqueo. Os lo dejo aquí por si soy más perezosos, más vergonzosos, menos seguros que nuestros chicos.
Plan de ejercicio creativo de una semana Empieza en lunes, porque somos más dados a cumplir los compromisos que arrancan con el inicio de la semana, del mes, del año… Seguro que hay una razón psicológica para ello, pero la desconozco, así que no lo puedo argumentar. Por una vez, creedme sin más y prometo no volver a pedíroslo. Lunes: Describe lo primero que has visto al levantarte. Con todo detalle. Pero no hace falta (de hecho no deberías hacerlo) que te pongas a anotarlo según te levantas. Solo retén la imagen y lue…

El contador de palabras

Me pregunta un alumno si su idea mola. Respondo con un discurso que, no por haberlo utilizado muchas veces es menos cierto: las ideas, en sí, no hacen la diferencia.
Yo tenía una idea. Una idea molona con muertos, vivos, ángeles, fantasmas, un poquito de amor, venganza… Ah, no. Venganza no, que tengo incapacidad manifiesta para los personajes malos. El caso es que mi idea empezó con una frase y llegó a quince mil palabras.

No me asusta trabajar, cualquiera que me conozca lo sabe. No pongo pegas a empezar de cero. Pero hay un monstruo que habita debajo del teclado de los escritores de novelas, o debajo del mío al menos, y que repite siempre las mismas palabras: recicla, copipega. 

Abrí un documento nuevo y tardé un par de semanas en llegar, otra vez, a las quince mil palabras. Más colocaditas, mejor cosidas entre sí, tal vez. Pero seguía siendo una colcha de esas de parches que de lejos bien, pero de cerca...

Vuelta al inicio, y así hasta cuatro o cinco veces. Porque ese monstruo repeti…

Las decisiones de los personajes

No hay nada que me haga pensar en tanto la teoría sobre la escritura como tener que responder la duda de un alumno. Hace unos meses, para una de esas preguntas, estuve dando vueltas a por qué unas historias nos enganchan más que otras (sí, lo sé, la pregunta se las trae). El caso es que me puse a garabatear y salió esto: 

De ahí pasó a una clase, luego a otra en la que lo desarrollé un poco más, luego a unas notas manuscritas para aclarar cada punto de ese dibujo... Hoy trataba de explicarle a otro alumno por qué sus personajes tenían que empezar a tomar decisiones y ya que me ponía, he redactado esas notas para que dejaran de ser garabatos y pudieran leerse. 
Lo cierto es que hay historias en las que pasan un millón de cosas, cosas divertidas, cosas interesantes, cosas geniales incluso y aun así no nos enganchan. Nos da la sensación al leerlas de estar sentados en un parque viendo como diez niños se balancean en los columpios. Cualquiera de ellos podría caerse y desencadenar el desa…

El bloqueo del escritor y las lavadoras

Hay una relación directa entre el bloqueo del escritor y la lavadora. De hecho creo que el día que lo descubran los fabricantes de detergentes y suavizantes, el mundo de la publicidad entrará en una nueva era. Como aquel “busque, compare y, si encuentra algo mejor, cómprelo”.

Me siento frente al ordenador con la escena calentita en la cabeza, con el diálogo de los personajes (¡Pedazo de diálogo! ¡Qué bien suena!) retumbándome aún en ese lugar del cerebro en el que todo encaja a la perfección. Y escribo la primera frase. Buf, qué floja, con lo bien que sonaba antes de darle a la tecla. Y muevo al chico de un lado para otro, como si tuviera una garrapata debajo de la ropa porque no sé dónde dejarlo quieto. ¿Y ella? Ella tiene cara de pánfila. Hace un ratito era una chica capaz de cambiar el mundo, de plantarle cara a ese gran drama (ahora ya no parece tan grande).

Me levanto y reviso lo que me rodea. Ahí está, la manta amarilla. La llevo hasta la cocina y la meto en la lavadora. Es una…