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Diez razones para no hacer listas de diez razones


Lista

Me encantan las listas. Cada mañana, cuando llego a la Escuela, hago una lista de las tareas del día. Un poquito lo hago por no olvidar cosas importantes y un mucho por el placer de tachar cada objetivo cumplido (ya hablaremos otro día de este placer adictivo y pecaminoso). Y antes de hacer una maleta, anoto todo lo que tiene que ir dentro. Y para la compra, claro. No sé cómo se puede ir a la compra sin una buena lista. Tengo listas en las mesas de casa y la Escuela, en la cocina, en la tableta (libros por leer, reseñas por hacer, apuntes por maquetar…) y antes, cuando no había móviles, llevaba en la cartera una lista con todos los teléfonos importantes (eh, solo los importantes, para los otros tenía la agenda) y la actualizaba cada principio de año. También con los cumpleaños.

Sigo a muchos escritores en las redes. No hago listas de los que sigo, no va por ahí este artículo. Y los escritores, claro, hablan (hablamos) de escritura. Supongo que me guían una mezcla de voyerismo y deseo de aprender. Pero últimamente en todos los blogs veo listas. Funcionan para atrapar al lector, lo intuía y después me lo han confirmado Ana González Duque en su curso de márquetin para escritores o Gabriella Campbell en cualquiera de las maravillosas listas que hace en su blog. Sé, además, que todos buscamos recetas claras y fáciles de seguir (tres frases que puede decir tu personaje para parecer más majo), que nos gusta compararnos con otros (he leído cinco de tus diez libros preferidos), que cuando un proceso está listado parece más fácil de abarcar (tres puntos más y lo tengo). Pero hay un tipo de lista que me asusta, me produce escalofríos y, además, prolifera en los blogs como los cangrejos americanos en los ríos (sí, hombre, esos cangrejos que trajeron para repoblar un poquito nuestros ríos y acabaron siendo plaga). Son las listas de razones y consejos. Y me asustan porque no son consejos sino órdenes. Porque no son razones, sino axiomas. Así que, aprovechando que en verano poca gente leerá el blog y que todos mis amigos escritores con blog estarán con los pies metidos en la piscina y les dará una pereza horrible enfadarse conmigo, voy a hacer mi lista de diez razones para no hacer listas de diez razones.

escritores lista
Escritores mirando una lista de un blog, allí a lo lejos

• Porque diez es un número tan tonto como otro cualquiera. Somos escritores, somos de letras y aun así nos empeñamos en cuantificarlo todo, en numerarlo. ¿Por qué no siete o veinte o doscientas cincuenta? Acabo de acordarme de ese trabajo infantil que circula por internet y está guardado en el Museo Pedagógico de París que empieza diciendo:

El pájaro del que voy a hablar es el búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que el topo. No sé gran cosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a elegir: la vaca.

Pues eso, voy a hacer una lista de diez razones, pero como diez son muchas, igual lo dejo en siete: la vaca.

• Porque mis razones son mías, para eso son razones. Y lo que me lleva a mí a forzar que mis personajes no usen la tecnología puede (y debe) parecerle absurdo al noventa por ciento de los escritores. Por eso mis historias son mías y son diferentes a las de otros. Ni mejores ni peores, pero mías.

• Porque casi nadie habla de razones aunque las llamen así. Nos erigimos en expertos conocedores de la verdad única y, en lugar de razones o consejos, damos órdenes, prohibimos. Censuramos.

listas de consejos prohibidos
Por suerte, Roald Dahl no vio este cartel

• Porque en la escritura, como en el arte, no hay verdades inamovibles ni axiomas. Porque si todos nos ciñésemos a los que se puede y no se puede hacer, nos habríamos perdido al maravilloso narrador de la Señorita Cora, de Cortázar; jamás habríamos leído una novela construida con mensajes de móvil, como Pulsaciones, de Ruescas y Miralles; seguiríamos poniendo la literatura al servicio de la moraleja, como Perrault aconsejaba. Porque, en definitiva, las normas están para romperlas.

• Porque todo el mundo las hace. A veces leo listas tan divertidas como absurdas que, estoy segura, han nacido con afán de originalidad. Hay ya mil listas de lo que debe y no debe decir un personaje, de lo que debe y no debe hacer un narrador, de lo que debe y no debe aparecer en una novela histórica, así que nos queda… veamos… la lista de la ropa que no puede ponerse una heroína. O la de los sabores que tienen que estar presentes en una novela medieval. O la de las razones para no hacer listas de razones.

Porque soy profesora. Me paso el tiempo explicando a otros escritores cómo creo que deben escribir para que sus historias funcionen. Y cada día, cuando entro en clase, cuando le digo a alguien que cambie una frase o un personaje, me pregunto si no me estaré cargando la idea maravillosa que revolucionará la literatura por ser conservadora. Y sí, tengo mis razones (no listadas) para hacerlo y aun así dudo, así que explico cada consejo que doy, discuto con el alumno sus razones y las mías. Negocio. Una lista no me permite negociar (y esto, acabo de darme cuenta, es una razón más para no hacer listas).

• Porque me gusta narrar. Me gusta eso que ahora se llama storytelling y que toda la vida de Dios ha sido contar historias. Y las listas están reñidas con esa forma de argumentar las ideas. Por eso mi lista no son diez renglones con un puntito al frente, sino párrafos y párrafos de anécdotas y formas de hacer. Mis anécdotas y mis formas de hacer, ya que estamos.

• Porque me gustan mis contradicciones. Soy tímida y llevo el pelo verde. De verdad que no es cómodo entrar en un sitio y que todos te miren, no es cómodo para mí, quiero decir. Pero llevo el pelo verde. Y cuando entro en un sitio, casi todos me miran. Y sé que no es cómodo empezar una historia sin saber dónde terminará y a veces lo hago. ¿Para qué hacer una lista que yo misma transgrediré en algún momento?

Porque no sé tanto. Y esta, en realidad, es la única razón que quería exponer. Todas las otras son adornos. Llevo muchos años formándome en técnicas narrativas para poder formar a otros, leyendo y analizando para sacar conclusiones. Y a veces veo listas sin fundamento, poco o nada argumentadas, listas que aconsejan hacer justo lo que más detesto en un libro o que prohíben aquello que, en mi opinión, mejor arropa una historia. ¿De verdad somos tantos los expertos en narrativa? Y digo “somos” porque dudo mucho que yo lo sea. Sé lo que sé, lo cuento y lo argumento. Pero, eh, si no te convence, no lo sigas.

Pero tengo que confesar que hay algo que me gusta de estas listas. Algo que me gusta mucho: el reto. Cada uno de los renglones precedido de un puntito o de un número, supone un reto. Dices que no puedo empezar la historia con una descripción: voy a intentarlo. Dices que un personaje no debe dudar: vamos a ver qué pasa si duda tres veces en cada capítulo.

Y, como decía al principio, son mis razones. Buenas o malas y solo razones. Por Dios, insensato, no las tomes como consejos ni como órdenes. No dejes que te limiten. O haz una lista de razones para hacer listas de razones y convénceme. Negociemos. 

Comentarios

  1. Si solo fueran diez... pero me ha convencido la vaca. Y yo tengo manada. Gracias 😜

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